Violencia de género en las manifestaciones literarias

De grandes eventos literarios a pequeños escritos pululantes

Hace unos días llegaron a mí algunas poesías bastante interesantes; con excelente bagaje lingüístico, métrica y ritmo, narraban minuciosamente encuentros eróticos solventados en el maltrato físico proferido contra una mujer, como detonante activo del elogiado placer. Inmediatamente los leí, supe que la cordialidad permisiva no debía sobreponerse al profundo desagrado que me producía tal veneración justificada a la violencia.

“Es sólo poesía, yo sólo mato mosquitos”, me dijo el sorprendido poeta cuando le manifesté las razones por las cuales no aprobaba su obra, aun cuando estaba muy bien estructurada; a lo que respondí que no estaba mal expresar la sexualidad con tanta fuerza, pero me correspondía mencionar el poder inmenso que tiene el arte sobre las masas y las individualidades, influenciando su construcción de pensamiento y por tanto incidiendo directamente sobre su comportamiento. Validar algún tipo de violencia, aunque sea poéticamente, es perpetuar la indiferencia y la arrogancia frente a las problemáticas que desangran nuestra sociedad.

No es coherente, por poner un ejemplo, repudiar la pedofilia y al mismo tiempo escribir o disfrutar de lecturas que la exalten, como tampoco lo es autodenominarse intelectual, y afiliarse simultáneamente a contenidos o ideas que atropellen el desarrollo cognoscitivo social, negándose a descentralizar los absurdos estatus de poder que nocivamente se siguen prolongando. De este modo, comprender que todo tipo de violencias y abusos que se efectúen contra una mujer son deplorables, y participar también, de cualquier modo, en actividades que los propulsen, es rotundamente incongruente.

La responsabilidad que implica la difusión de pensamiento no debe ser desestimada por ningún argumento. Pero, ¿cuál sería entonces la labor del arte, y en este caso de la literatura, para transformar los falsos y peligrosos ideales que siguen proponiendo estereotipos errados y fomentando las violencias? Esta, es una apelación a una transformación desde las entrañas, a una concepción renovada de lo que sería poético, artístico, conceptual y sensible.

En la tarde de ayer asistimos con mi gran amiga, también amante de la literatura, al evento celebrado en el Café Librería Ibañéz y dirigido por Zeuxis Vargas, psicólogo, editor y escritor. Se trataba de una conferencia que tenía como eje central la vida y obra del célebre escritor argentino Jorge Luis Borges. El lugar era cálido y agradable, aunque estar de pie entre tantas fotografías de rostros masculinos, una al lado de la otra, me resultaba intimidante e incómodo; hubiera sido gratificante ver expuestas también las fotos de mujeres como Saturia Esguerra y Mónica de Greiff junto a todos los demás juristas de Colombia.

En el transcurso de la conferencia se exaltaban los pilares metafísicos europeos, desestimando los valores intelectuales propios, se sobrevaloraban las anécdotas comunes y se usaba la voz del autor en mención para proclamar pensamientos personales; pero hubo un comentario en particular que colmó mi paciencia, no sólo por su impertinente suelo argumentativo, sino por el espacio en el que fue proclamado, recibiendo la aprobación pasiva y risueña de la mayoría de los espectadores. El locutor se refirió a Borges como un gran amante de la vida, quien, al igual que él, le agradecía por haberle dado buenas mujeres; como quien agradece a la vida las buenas oportunidades, las buenas adquisiciones, las buenas mascotas.

Cabe recordar  primeramente que el arte, como cualquier otra manifestación humana, NO es un lugar de poder exclusivamente masculino, así que continuar estableciendo los parámetros, roles y sentidos que éste propone desde las dinámicas y visiones de éste género únicamente, es continuar prolongando la cosificación de lo que se entiende por el otro, en este caso la mujer.

Por otro lado, perpetuar el falso empoderamiento de la mujer desde la aceptación del postulado que a la afilia a los lugares de dominio que violentamente la tradición le ha impuesto, tales como la idealización, la sensualidad, la sexualidad y el irracionalismo, intentando persuadirla de luchar una arquetípica batalla en donde se acepta la objetivización de su cuerpo y escencia, a cambio de la obtención de espacios de participación social, es tanto o más repugnante que las pasadas desigualdades culturales.

Hago un llamado urgente a los ponentes y organizadores de este tipo de eventos, a ser muy cuidadosos y responsables con el tipo de información e ideales que van a difundir. A nosotros como escritores, artistas, y asistentes, a la reflexión activa frente a los contenidos que consumimos. Y por último a los cafés, librerías, sitios virtuales y demás puntos de encuentro cultural, a revisar cuidadosamente el diseño de sus espacios, para propiciar ambientes que promuevan la inclusión, dignificación y ecuanimidad.

Colaboración de Mariposa Cósmica.

Si te interesa leer más de la autora, te compartimos su blog 🙂

https://mariposa-cosmica.blogspot.com/

 

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